miércoles, noviembre 14, 2018

Esas miradas que se cruzan




Intercambio de vistas. En almas recíprocas, aún diferentes. Activación elocuente del niño soñando ser viejo. El amor con sus alas eleva la cumbre de alegría. Fluir hacia el otro contento, Señor, contento. Ser como él, ella y ellos. Los une la equilibrada atracción, entre mundana y etérea. Piel de alma leal y caprichosa, que despierta una misma conciencia celestial. Lo que es, está en el cielo y la tierra. Y, en el universo, paz a los hombres de buena voluntad.

Si la niña flota por la ilusión que despierta su ángel, la felicidad eterna se manifiesta. No hay amor más grande que dar la vida por los....amigos. Otros, pero conocidos. Familiarizados con tus seres queridos. Los odiados no tienen cabida en la alicaída cordura occidental. Y luego, tras la nube volar, confesó: "No tengo paraguas". La voz del Altísimo se hizo consciente y habló en su mente. "Estoy ahí donde tu corazón late y la mente encumbra". Como si del cielo cayera su mirada de fe dispuesta a vivir. Canción. Olvido y ternura.

El clásico del clásico derrite las emociones dulces. Atención plena, entre nervios quisquillosos. Palabras que sirven para conocerse, y el espacio, que fuma la mirada tranquila. Si los ojos son la ventana del alma, aquellas almas, vieron sus almas. Y se rieron al unísono....¡He ahí lo dulce de lo amargo, lo bello de lo feo, lo caro de lo barato, lo caliente de lo frío! Son dos y punto. En la hora, del ahora. Así sea. Amén. Amén. Lo simple miró a lo complejo y se enamoró. Si el mensajero de alegrías cándidas sabe volar y le enseña al otro, entonces, cumplirá su misión celestial. De la mano, sin darla. De besos, sin darlos. De abrazos, sin darlos. Las miradas; eso sí, compartieron.

Fue la entelequia del diálogo entretenido. Esa que avivó el ánimo, contentó el espíritu y llenó el regocijo de ambos, al atardecer. Seguirán en la senda de descubrirse. Seguirán encontrándose en miradas cómplices, caricias tiernas y vocablos sinceros. Destinos interceptados en un camino despejado y luminoso que empiezan a recorrer. Tal cual llegaron al mundo, que el amor por fin hizo su entrada magistral.

martes, mayo 08, 2018

Calma flotante en cielo despejado




Volar es despegar la mente. Es despegarse del suelo para sintonizar las nubes con la imaginación, que en dicha circunstancia hacen vibrar los sentidos. Cielo del relajo, aire disuelto. Cada latido se siente en calma. Durante el vuelo flotar no reviste apego. Libertad quieta en lo azulino del cielo plano. Mirada profunda sin fin. No hay dudas; sólo ensoñación flotante.Trance remoto a metros de altura abismal. Somos un átomo de cielo. Ni eso es compatible con la combustión de asilo fulminante. Comprendes que la existencia habita entre un palpitar de ojos y un racimo de uvas, en el cielo. Cuando las nubes cubren el destino penumbroso, el sol viene a aclarar tu visión periférica. Miras en 180° grados y aspiras al 360°. Ver todo es ver nada. El blanco incluye todos los colores; el silencio todos los sonidos del universo. Aprender es comprender que el ser holístico se esconde en cada uno de nosotros. Somos los llamados pequeños budas dispuestos a dar un salto en el abismo sin retorno seguro. Cuando sales, algo ya no regresa en ti. Eres el uno con el todo. Simbiosis plena de un atardecer anochecido; virtud del alma transmutada arriba de un avión. Hasta aquella canción suena mejor arriba del silencio. Yuxtaposición impecable que ni el músico más famoso ignora por completo. La alegría profunda del abismo circunstancial indica que la vida sigue un curso no lineal. Disperso de por sí y para sí. No hay un más allá sin un más acá. Contraposición impetuosa de los orgullos humildes. El hambre tiene sed de gula. La sed tiene hambre de sequía. Desde arriba la altura de miras te aclara el panorama; despejada la mente juega su juego el destino caprichoso de armonías salpicadas en pensamientos perdurables. Objetivos aclarados. Reinvención de los caprichos del ego errante. La flor ya no se marchita más. Cruje en armonía el ser de pétalos flotantes, cual flor de loto abierta completamente a Jesús vivo. Espiritualidad despertada con alma quieta. Ya nada perturba la estabilidad de un sistema abierto controlado por una mente flotante. Sensación repetida al compás de porvenir presente. El vocablo se ha pronunciado.



Maestro de las alturas que enseñas a volar con la mente. La plenitud del cielo te cobija en su majestuosidad. No hay temor, solo paz. Nada llena tal vacío como eso. Aquello que no miras con los ojos, pero que, sin embargo, dejamos de verlo por llenarnos de pensamientos negativos del ser involuntario, atrapado en ideales repetidos. Materialismo puro de un sistema mundano, apagado y sofocado. Lo bueno de volar es que aprecias que los problemas son chicos; los miras como si estuvieras en otro mundo, como si no existieran, que no valen la pena. Lo bueno también es darte cuenta que el amor existe. Que la distancia no existe cuando dos personas sintonizan una misma frecuencia. Y eso se tiene a miles de kilómetro si es mutuo. Las emociones juegan su papel emocionante, que te eriza la piel cuando sabes que un sector de la Tierra alguien siente lo mismo por tí y hacia ti, lo cual llena de alegría el espíritu y el corazón late mil de felicidad. Y así. Y así. Se carcome el tiempo, que pierde sentido cuando dos seres confluyen en aquello que llaman amor verdadero. No hay obstáculo que impide el traspaso de plenitud. Eso de almas que gemelas que no mueren y se reencuentran una y otra vez en la canción constructora de ser. En lado de la vida estoy yo, en la otra tú, combinación que en equilibrio nos permite seguir volando. De lo contrario, un aterrizaje forzoso nos espera para caer y suprimir el sueño. Cada día tiene su afán, así como se riega una planta a diario, el amor del mismo modo se cultiva para crecer desde los átomos a la piel; cuya alma sempiterna vaga en estados diferentes que se vuelven una sola alma, combinada de amor celestial. Volver a volar es sentir eso y mucho más. Viaje del cielo mágico. Celestino de esplendor que me llevo conmigo. Gracias por estar y existir ante mis ojos, vuelo de la vida.



viernes, enero 05, 2018

El despertar consiente de la divina eternidad



Por Gabriel Angulo González

Con el trascender, transmutando el estado de las cosas (emociones, energía, acciones y materia) y elevando el nivel de conciencia, puedes comprender sentido del existir. Se es feliz cuando la certeza última de la vida se apodera de tu ser. El secreto divino. El principio fundamental que lo rige todo y en todo momento: el código de la vida. Cual partícula de Dios dosificada en la energía celestial. El alma tiene su historia, conocerla te hace ascender a la cúpula de la iluminación, emancipándola de las reencarnaciones para llevarla a la luz eterna. El trabajo terrenal, es dirigirla hacia allá.

Entre más despierta la mente, más alto el nivel de supraconciencia. Cuando alcancé un estado por sobre el normal vi mandalas, colores y la materia prima del cosmos, especie de caleidoscopio mental, en espirales atómicos de los que están hechas todas las cosas. Vi las venas de la vida por las que transitan la sangre y sudor existencial, que nunca deja de fluir. El universo es porque es. El tiempo es este instante eterno. Presente puro y cíclico. Trasciendes las dualidades y conoces la verdad que nos hará libres.

Sentí una visión periférica, en 360°, donde todo cabe dentro de todo; es uno con el todo armónico. Aprender a transformar la materia, debe de ser genial. Trascendí por momentos la dualidad, las dicotomías, las polaridades mundanas y vi la unidad pura en su ubicuidad sempiterna, universal y holística.

Es genial superar los miedos para crecer. Madurar la mente y la conciencia, es despertar y ver, literalmente, con los cinco sentidos, más el sexto y séptimo extrasensorial, que nos permiten tener fuerza de certeza feliz. Es revelación de vida y dicha de conocimiento con el que se alimenta el árbol de la vida. Eso.



El verdadero maestro encuentra el silencio en el ruido, la luz en la oscuridad y la vida en la muerte. Lo ideal es morir en vida para darte cuenta de que no hay muerte...Es genial percibir los miedos y superarlos. Como dice el escritor checo, Milan Kundera, el origen del miedo es el porvenir. Y cuando sabes lo que se aproxima el término de tu vida biológica pierdes el miedo y te entregas a la luz eterna que es alegría, amor y conexión en su nivel absoluto.

Vi el demonio que, como entidad fantasmagórica color rojo, cohabita en mi espacio mental. Te insta el accionar instintivo e irracional, además de potenciar el ego, lo que nubla a tu verdadero ser. Cuando descubres eso, te liberas, lo suprimes y te entregas al Más Allá con tu esencia pura y descontaminada, liberada de la prisión prejuiciosa, con el principio de no resistencia, lo cual te hace conectarte a lo no manifestado, lo sublime y que le saca una sonrisa al alma. Si ayuda a todo aquello, como vehículo, el efecto de la cannabis, bienvenida la marihuana. Única droga religiosa.

domingo, octubre 29, 2017

El ocaso del tiempo



Por Gabriel Angulo González

Llega lo inevitable. Una hoja se cae y el ruido del silencio cobra sentido. Se cierran ojos y se abren caminos. Son etéreos y dispersos; telarañas de laberintos que empujan al asilo -si se quiere- eterno. Si no se quiere, es una compleja red de sensores que no detectan nada.

Cuando el fuego se apaga, la luz interior se enciende. La chispa interna reside en la colina de su cúspide. Nada pasa. Todo pasa. El rasguño valiente de niños traviesos. La neurosis carcomida en vidas llenas de plagio. Originalidad igual a cero. No hay pergaminos en el desierto, ni tesoros escondidos en océanos. Queda sólo respirar. Cuando ves que no hay pasado ni futuro valoras más la existencia. Simple suena, pero complejo a la vez. Tiembla el suelo su vibración condenatoria. Intranquila naturaleza que, con justicia divina, devuelve al hombre sus malos tratos.

La memoria es tan frágil que con los años recicla. Comprime cual disco duro bosquejos de escenas vividas, y archivadas en registros visuales, sonoros, y de otros sentidos. Se recupera en parte; las neuronas son efímeras. Se enferma la conciencia contaminada de materialismo exacerbado y ambiciones perversas. Bien sabe el hombre que sus actos, en cuanto kármicos, tienen efectos. Ley de causalidad gobernada en mentes casi instintivas. Inteligencia subyugada del ego engañoso. Cuerpo no eres. Ser si eres. Mientras no te condenes, descubre la otrora espada del silencio.

¿Quién soy?, ¿Qué es Dios?, ¿Para qué existo?, ¿Cuál es el sentido de la vida?, ¿Qué hechos de la realidad noticiosa afectan mi vivir cotidiano? Preguntas con respuestas ambiguas. Me consuelo respondiendo, ¿Qué pasa después de la muerte? Ni que fuera adivino. Soy el mago de mi inocencia, el humorista de sortilegios irónicos. Ni la política tiene sentido cuando el poder ha corrompido al ser humano a niveles inhumanos. Hoy, se come más carne que legumbres siendo que, nutritivamente, por ejemplo, las lentejas aportan más proteínas. Pero se prefiere matar animales que subsistir con la proteína de soja. En el futuro, así como vamos, sólo existirá la carne sintética, es decir, artificial y manipulada genéticamente, como un transgénico más...si es que ya no lo es.

⇤⇤⇤⇤⇤⇤⇥⇥⇥⇥Cuarta edad ⇤⇤⇥⇥⇥⇥⇥⇥




El tiempo te lleva, pero no hay edad en el alma. El agua me la comí congelada. Tenía hambre de sed. El hielo fue mi respuesta. Me sacié cuando ya mi tiempo era. Sin remordimientos mis venas arden por sangre pura. De pura purificadora y enaltecedora cortina. Llega el natalicio de mi muerte, el funeral de mi nacimiento. Vuelve el retorno retornante de la salida oprimida. No sufro si no hago nada. La quietud gobierna el espíritu; los de afuera desconocen lo que de adentro aflora como canción modo mantra. La mañana trae menos que la tarde. La situación es tal por cuanto no hay razones para amar. Soledad acompañada de fantasmas.

Mientras miraba el cielo, desde mi ventana bajó el avatar de mi conciencia, y recitó:


Deja en tu altar cenizas de amor.
No rehuyas de ti, que eso eres y serás.
No definas lo que otros dicen.
Despertarás cobijado en luz.
El ocaso no tiene fin.

El silbido del Más Allá te llama.
La madrugada de tu alcoba soterrada.
Sigues esquivando el destino.
El azar no existe a ojos divinos.

Alucinas con paz sin guerra.
Aléjate de cercanías fulgurantes.
Nadie ladra lo que no conoce.
Amanecerás en sueños sempiternos.
Prohibido talar conciencias tenues.

El silbido del Más Allá te llama.
La madrugada de tu alcoba soterrada.
Sigues esquivando el destino.
El azar no existe a ojos divinos.

Hasta cuándo marchitas el tiempo.
No aburras lo único sin pena.
Desapega el fierro del dolor.
Sobre madera desata nudos sin ira.
La gravedad es el peso silencioso.

El silbido del Más Allá te llama.
La madrugada de tu alcoba soterrada.
Sigues esquivando el destino.
El azar no existe a ojos divinos.

➳➳➳➳La edad de Cristo⤂⤂⤂⤂⤂

Estoy viviendo una vida pasajera. Ya no sueño consciente como antes. Soy una entidad más atrapada en mis propias ilusiones de escenas sin sentido. El mesías tampoco tiene edad. Vino con mensaje del que vino es agua y la serpiente lo tentó. El Buda es un meditador, cuya reflexión escapa al entendimiento terrenal. El tranvía del amor. No hay amor más leal que dar la vida, pero por el verdadero amigo. Prueba de fuego que congela al inepto y convierte al incrédulo. El escriba no tenía miramientos futuros. Se conformaba con archivar cúmulos de conocimientos, que se transmitieron con más velocidad con la invención de la imprenta.

La naturaleza de la luz es la misma que la del espacio. El ser cromático es blanco, porque contiene todos los colores. Y escucha el silencio, porque oye todos los sonidos del universo. Ubicuidad de un ser supremo, que todo lo oye y todo lo ve. Nada se escapa si no pasa por él. El crea que creó algo es simplemente un instrumento de él. Está en todas partes y en ninguna. Omnipresencia catalogada de sublime.

Vivir tan poco es crucificarte en vida. Ya murieron a los 27 años de edad Kurt Cobain, Jim Morrison, Janis Joplin, Jimi Hendrix, entre otros rockeros. Se mataron o la droga los mató. Como dice Marilyn Manson en su canción Coma White: "una droga puede hacerte mejor de lo que eres, cambiarte el nombre, que te haga otra persona, pero ninguna droga del mundo podrá salvarte de ti mismo". Algo que genios no entendieron. Otros sí, aunque fueron unos cobardes valientes al haber cortado el hilo de su vida.




No escapo porque vivo. El hastío mata el tiempo. Reinventarse cada día es la consigna. Como que uno, a veces, siente que está muerto como para morir. Sea como fuere, los pasos siguen. El corazón en tanto lata, me avisa que debo pedir hora. Hora para mi turno. Cuando golpeen la puerta del ataúd espero salir y escapar. El cielo está lleno de milagros. Y es genial sentir que sigo en la montaña. Sin ataduras. La necesidad de otro se acalla con dinero. Sin dinero es feliz el pobre, pero de espíritu, porque con recursos vive fantasías. El paradero final es más alto que la cumbre más alta.

Cómodo en la recámara, sé despertar el despertar verdadero. La playera tiene nombre. El verano de mi otoño, la primavera de mi invierno. Soñé que estaban en el cielo esos ovnis. Lo salvadores perdidos. Los humanos del espacio. Al final del día, una dimensión nos espera en...el ocaso del tiempo.

martes, julio 11, 2017

Los desafíos de Guillier



No remonta, Alejandro Guillier. Es un hecho. Varias encuestas de medición electoral, en las últimas semanas, han mostrado una baja o estancamiento de su candidatura presidencial. Sin ir más lejos, la última encuesta Cadem, incluso lo dejó en tercer lugar, con 9% de preferencias, en comparación a Beatriz Sánchez al 15% del Frente Amplio (FA) y el 30% que obtiene Sebastián Piñera de Chile Vamos.

No haber ido a primarias fue un error no forzado que hoy le pasa la cuenta. Tal vez, el mejor escenario era que él, junto a su contrincante de la Nueva Mayoría (NM), Carolina Goic (DC), compitieran y así uno de ellos se validara dentro del bloque oficialista. Y por la vereda de al frente, Manuel José Ossandón no hubiera competido con Piñera y llegara directo a la papeleta en noviembre; y que Felipe Kast, como era predecible, perdiera. Dicho escenario, hubiera propiciado más competencia y un panorama propicio para Guillier. Incluso, el FA hubiera obtenido más votos, de los 300 mil y fracción que sacó, dado que, seguramente, muchos de los votantes del ex alcalde de Puente Alto, para que no ganara el ex presidente, hubieran votado por Alberto Mayol o Sánchez.

No ocurrió eso y la realidad parece ser más cruda para el periodista. Debe, en primer, lugar completar las firmas. Dice que lo hará dentro de este mes. De lograrlo, tiene cuatro meses para reencantar adherentes y convocar a más personas a su bando. Algo que, por ahora, se ha visto complejo. Su candidatura genera ruido, incluso en su sector.

No aglutina fuerzas dentro de los seis partidos que lo apoyan: PC-PS-PPD-MAS-IC-PR. Guido Girardi ha dicho que la opción guillierista "es un castigo para la NM". Otras voces, como la del ex socialista y actual correligionario del FA, Jorge Arrate, señalan que no tiene liderazgo para gobernar un país. En la derecha, han dicho que no tiene posturas definidas en distintos temas. Además, ni Lagos con su "paso" ni otros personeros como Isabel Allende o José Miguel Insulza, han salido a defenderlo o apoyarlo abiertamente. Eso habla de la inseguridad que genera en su propia coalición.

"No soy político". Esta frase quizás resume que, desde un principio, Guillier no estaba del todo convencido en ser candidato. Si él mismo no se considera un ser político activo, difícilmente, podrá convocar con su discurso. A lo anterior, se suma que no quiso militar en ninguno de los partidos que lo respaldan y mantener su "independencia con partidos". Dice ser la voz de los ciudadanos y de personas en regiones que lo apoyan. Sin embargo, eso  no sería suficiente para lograr apoyos necesarios para, primero, pasar a segunda vuelta y, segundo, ganar la elección a Piñera.

El desafío, por tanto, del ex panelista de Tolerancia Cero es hacer converger su discurso dentro de la NM, que los líderes consagrados lo respalden en bloque. Captar los votos del centro, la Democracia Cristiana y de los viudos de Ossandón. Además, de conseguir el apoyo del FA, cediendo espacios al programa social de este nueva agrupación política. Al ser comunicador social debería tener más presencia mediática y ser una figura más de peso que Sánchez, quien es primeriza, pero, al parecer, más popular. Con todo ello, Guillier sería competitivo y un candidato serio a La Moneda, porque si sigue como está, su independencia pesará más a la hora de captar seguidores y perderá la presidencia.




lunes, julio 03, 2017

ERROR no Forzado...en una final



Humano es errar. Se aprende de las caídas. Lo que pasó hoy con Marcelo Díaz no es para crucificarlo. Quedará marcado para siempre en su vida y en la historia de nuestro fútbol. Sin embargo, duele más una derrota por un error propio-más encima no forzado-, que en base a méritos del rival.  

A Chile le faltó la contundencia. Lo dijo el equipo y el DT de la selección. La misma que tuvo con Argentina en las dos finales ganadas, y frente a Portugal en la semifinal. No hay triunfos morales, simplemente perdimos. Jugamos como siempre y perdimos como nunca. No sacas nada con tener un dominio del 60% y más de 20 llegadas de peligro al arco contrario, sino sabes transformar esa ventaja en gol. Mejorar algo, entonces, al 100%: poder de finiquito.

Ante lo anterior, sólo queda decir: "¡Vamos Chile!". No se acaba el mundo, ni nada por el estilo. La gente va a trabajar, gana Piñera y la contaminación atmosférica es la misma en Santiago. La diferencia es que hoy el té y la "Marraqueta" tienen un sabor distinto. Un "team" de verdad mojó la camiseta hasta el último minuto, aunque eso no fue suficiente.

Me quedo con la entrega del equipo, con la capacidad de agruparse y conformar, prácticamente, una familia. Y nadie va a creer en ellos si ellos mismos, y sus cercanos, no lo creen.

Tal vez, algunos pecaron de soberbia antes de la final, al decir que si ganaban eran los mejores del mundo. Otros, muy relajados, criticando a la prensa y señalando que se valore más a la selección. Esas palabras debieron ser emitidas sólo si se es campeón. Así, nadie te puede decir nada, dado que eres campeón. Decir antes eso, fue morderse la cola, y eso da pie a burlas, memes, críticas y que se saque en cara eso.

Igual destaco la mentalidad ganadora de Vidal y compañía. Se creen el cuento y que son capaces de ganar una copa. Ganaron por eso dos finales. Una copa más, una copa menos, Las vitrinas de la historia verán a Chile finalista y no campeón de la Copa Confederaciones-2017.

Primó la táctica fría alemana por sobre la gambeta, pasión, corazón y ganas sudamericana. Como sea, los "Teutones" supieron liquidar, haciendo tiempo, faltas, defendiendo con cinco jugadores en el área chica. No les importa nada con tal de ganar. Llega una vez y hace el gol. O el rival se equivoca una vez y ellos lo aprovechan y lo transforman en gol. Ganó la selección joven, cuyo técnico supo transmitir su mensaje y experiencia.

Queda esperar otra final soñada. La fe sigue intacta. Un error no forzado no mata todo el trabajo hecho por esta generación por más de diez años. Ha seguir creyendo que el próximo año se nos viene el Mundial de Rusia-2018. Y Chile-por qué no-será campeón.













viernes, mayo 12, 2017

Piénsalo mejor


Les comparto una canción que compuse....


Resultado de imagen para piensa mejor


Cuando algo anda mal
Resulta todo peor
Los problemas vienen como avalanchas

Atraes frustrado, mayor malestar
Como un alma atareada en su propia ansiedad
Cargas, por eso, un mar de tormentos
Niegas espacios
Y sepultas momentos

Preguntas por tu norte,
                                              Nublado sin luz
ahogaste los sueños, donde sucumbió la cruz

                                    Coro:       Piensa lo mejor
      deja de temer
                                                      tienes el poder
               decides lo que hacer (bis)

 “La vida es un péndulo”, solías escuchar…
Marchitas recuerdos y floreces afecto
Profesas lo lento y despojas lo viejo
Porque nada es tan bueno ni malo
Al final, todo ocurre por algo, causado por ti

                                    Coro:       Piensa lo mejor
      deja de temer
                                                      tienes el poder
              decides lo que hacer (bis)

Trascurre el mundo monótono ante el sol
Podría girar casi siempre a tu favor
Procura realidad que puedas dominar
 asume el dolor que te hará sanar, comprende que aprender es amar

                                    Coro:       Piensa lo mejor
      deja de temer
                                                      tienes el poder

              decides lo que hacer (bis)

lunes, enero 30, 2017

Viento arriba


(Cumbre del Cerro Provincia: Julio, 2016).


No aflojo el paso. Miro alrededor y observo majestuosidad. Lo más alto de la tierra descubro. Conjunción de emociones precipitan el andar. El sendero marcado indica donde ir. Además de la sempiterna sensación de confundirse con el entorno, te fusiona el silencio reinante y la paz que aquieta la mente. Despejado el pensamiento, en panorámica amplificada. Puntos se ven chicos; los terrenos urbanos que dibujan ciudad.

Gestiones hechas por obligación. Si subes a lo alto, lo bajo no carcome. Alas tengo. Ojo tercero, el de la frente, el de la visualización, que te hace perderte en abismos.

Miro en perspectiva las desgracias alegres de borrachos casi solteros. Comparo la tarde con la noche y la mañana es más candente. Entre caerme y tropezar, prefiero seguir adelante; pues el sendero lo hago yo mismo. Ahí no estaré, puesto que acá ya no hay nubes. Despejada soledad se mueve en vaivenes naturales.

Reflejo perplejo de la anatomía celestial. Sublime ruiseñor que añora vivir en calma. Las olas se mueven en dirección de las nubes. Es un mar de nubes cubiertas de sal líquida. Tal cosa no existe; tal gato de agua, lápiz de cartón. Hay verdad oculta en tu mirada. No miro ya. Vergüenza sofocada en sol que quema. Prefiero hacer dormir los sueños que vivirlos ilusoriamente en realidades mezquinas. Abrigo a mi propio ego, que pide a gritos más atención. Desconozco lo cierto del pasado. Ahora, el ahora, es el ahora de mi presente, que siempre es presente. Reiteración suculenta de un manjar en medio de la arena. Viene la mosca molesta.
Que se aparte de jugar. Necesita renacer. Nadie, en su sano juicio, aspira a ser un rey de población.

Se acabo la necesidad de que me necesiten. Se acabó el deseo de tener cosas. Soy lo que soy y punto. El manantial consumado que sigue su curso, el circo andante que alegra las almas débiles. El vaquero sin pistola, que apunta con palabras a quien lo hiere. Causa más dolor un vocablo hiriente, que un balazo en el brazo. Cojo, y todo, corro como chino. Los pajaritos hablan. Murmullan de mi locura. Empero, me entienden. Me entiendo en ellos. Conciencia efímera de la eternidad misma. Razón pura despojada de prejuicios. Fragancias adornadas con flores secas. Marcho, nada más. La quietud perdió la batalla.

Una canción. El retorno de volver a lo mismo. Sale de la rueda. Huye lejos. El corazón tiene sed de lo fugitivo. No hay amores sin temores. Ni canciones sin melodías. Barcos sin puertos; hombres sin Dios.
Soy lo que soy. La imagen identificada de nostalgia pasajera. Despojada de nostalgia, la mente es más libre que el viento. La imaginación te traslada donde sea. Así sea.

  

lunes, septiembre 05, 2016

Dolor de espalda



Dolor de espalda. Dolor de espalda. Eso piensa y siente, mientras el vidrio empañado le impide contemplar el paisaje. Madrugada lluviosa con nublado extremo; reflejo de su mente bloqueada. Sí. Por motivos existenciales. Cuando la desilusión amorosa toca tu puerta es capaz de congelar cualquier chispa de esperanza. Nada importa cuando el corazón extravía la llama de pasión que lo hace latir con fuerza.

A su lado, un desconocido roncaba. Durante la noche, a intervalos escucha la chicharra, indicando que el chofer del bus excedió el límite de velocidad. En tanto, Emilio ensimismado, dedicándose a ver por la ventana los atisbos de un amanecer que se apronta. La humedad mañanera hace bajar la temperatura. Pero ya dijimos que –salvo el dolor de espalda- nada lo inmuta; ni frío siente. Es un ave retornando al hogar, dejando tras de sí una carga pesada de recuerdos, que preferiría sepultar para siempre. Consigo, un anillo que jamás entregó y un “estoy enamorado de ti” que jamás dijo.

*****



En la esquina la espera. La avenida principal es el punto de encuentro. La dibuja en su mente, pasmado. Quiere tocarla. Ella se acercará a paso firme, y él, ansioso, se comerá las uñas. Pronto la conocerá.

Sigue ahí. Pasan cinco minutos. “Debe venir en el colectivo”, se dice impaciente. Pasan otros diez minutos. “Imposible que me deje plantado. Viajé más de 400 kilómetros sólo para verla”, piensa. No deja de mirar la hora en su celular. Media hora, y no la ve. Elucubra lo peor. “No vendrá”, susurra para sí.

Cuando las esperanzas ya se agotan, la ve cruzar desde la vereda de al frente, en Avenida Francisco de Aguirre. Se aproxima preciosa, radiante, como la imaginaba.

-Hola Emilio. Por fin nos conocemos.

-Hola Rebeca, un gusto por fin verte, luego de meses de chat y llamadas.

No hubo más intercambio de palabra. Sólo una mirada mutua. Una inspección visual, se dio, para reconocer quién era cada uno. Transcurren tres minutos. En ese lapso, el silencio incómodo toma protagonismo, hasta que Rebeca lo rompe:

-Disculpa la tardanza. No pasaba nunca el colectivo y salí más tarde de lo habitual del trabajo.

-No importa. Lo bueno es que ya estás acá. Y ahora que te veo eras tal cual como te imaginaba, incluso más bella-responde Emilio.

Caminaban sin rumbo fijo, al principio. Ansiosos, no saben qué decirse. Sin pensarlo, instintivamente juegan al ping-pong de preguntas. Se interrumpen entre preguntas y respuestas. En fin, se estaban conociendo. Es natural que surja esa leve tensión de la primera vista.

-¿A dónde vamos?-pregunta Rebeca.

-A donde nos lleven los pies. Aunque la playa es un lugar que me relaja. Caminemos hacia allá-responde Emilio y le contó de su dolor lumbar.

A paso lento empren el rumbo de caminantes, que sólo quieren divagar y dejar  que sus corazones latan con fuerza. Luego, besarse, acariciarse y dar cabida al amor pleno y duradero. Si es que, el destino, así lo determina.

****


Tarde de domingo. “Fomingo”, como le gusta decir. Emilio, sin nada qué hacer. Rechaza la monotonía del último día de la semana. Prefiere el movimiento, el hacer cosas, el sacar partido a su tiempo en algo que valga la pena. Sin embargo, ¡Pamplinas! Su serie favorita lo encierra en el living. Con cerveza en mano y papas fritas para picotear, ve tele. Y así pasa la mañana, la tarde, hasta llegar la noche. Sin hacer algo productivo. Un día perdido. La noche, eso sí, lo invita a otra cosa.

En su mente, sólo cabe alguien: Rebeca. No la olvida. Por compromisos del día anterior no viajó a ver a su amada. La llama y no contesta. No está disponible para él ni telefónicamente, ni en Facebook, Whatsapp o Skype desde hace tres días. Eso le provoca inquietud. Ansiedad por saber de ella. El departamento se la hace grande, en soledad.

“En realidad, tenerla tan lejos y extrañarla a cada momento es amor”. Se decía esta frase una y otra vez para calmar su alma. Había leído de un autor checo que, en un amor a distancia, sólo caben tres alternativas, en el clímax de la relación:

1) El amante que viaja a ver a su amada se queda con ella en el lugar donde ésta vive;
2) Se viene ella a vivir con su hombre;
3) Simplemente, la relación se termina.

Trata de alejar ese último pensamiento. Y empieza a meditar, leer y luego escribir, pero nada. Sabía que había transcurrido más de un año y medio de relación, y era el momento de tomar una decisión. De corazonada intuía que pronto vivirían juntos. Esa convicción le hizo, a la semana siguiente, viajar a ver su amor, acostumbrándose al dolor de espalda, que le ocasionaba el ir en bus. No tenía recursos para hacerlo en avión. Estaba dispuesto a sacrificar seis horas de viaje, con tal de estar a su lado. Lo hacía cada quince días y prefería de noche. De día, se le hacía una eternidad, al igual que la molestia lumbar.

****



7:00 am. Lunes. Suena el despertador y Emilio se levanta. Se prepara para ir a su oficina y lidiar con ocho horas de rutina. Es trabajólico, geminiano, alegre, espontáneo e inquieto. El movimiento constante lo define. Hombre de ciudad. Ser urbano que utiliza nuevas tecnologías de información.

Valora su cotidianeidad, tanto como a su amor a distancia, que conoció vía Internet. Con 25 años, le queda futuro. Recién terminó lo estudios y encontró trabajo en una firma transnacional.

-Hola, amor. Me encanta escuchar tu voz-le dice Emilio a Rebeca mientras habla con ella por celular durante su hora de colación.

-A mí también, mi Emy querido. Te extraño tanto. Espero verte este fin de semana como siempre.

-Por supuesto, amor. Allá estaré para compartir nuestro fin de semana largo. Es genial que el lunes sea feriado, así podremos estar juntos en ese hostal que adoras- replica Emilio, quien no quiso reprocharle el hecho de no responder sus llamadas ni contacto en redes sociales. Lo anterior, para evitar cualquier tipo de roce entre ambos.

Cada vez que viajaba Emilio, se veían en un hotel de la ciudad. El padre de Rebeca-según cuenta ella misma- no permite la relación. Desconfía que su hija única, de 28 años, se inmiscuya con un extraño menor de otra ciudad. Rebeca vivía sola con su progenitor. Su madre había fallecido cuando tenía tres años de edad.

Ella, se las arreglaba para escapar de casa y encontrarse con Emilio, diciéndole a su padre que tenía trabajo extra de fin de semana o que se quedaría en casa de su amiga de infancia, en el Valle del Elqui. Una mentira que pudo sostener por más de un año, pero, como nada es para siempre, ésta caería por su propio peso para dar lugar a la verdad. La cual, lejos de mantener la circunstancia intacta, se convertiría en un motivo que cambiaría el escenario. Aunque otra situación fue la que, en definitiva, transformó el contexto.

****

         
                           
Desamor. Desencuentro. Frustración. Desilusión. Mirando el horizonte playero serenense en el tradicional Faro, Emilio, decide retornar a su hogar.

No dimensiona que, tras haberla visto por tanto tiempo y tantas veces, simplemente, ella decidiera dejarlo.

“No te quiero extrañar más”, le dice su amado, antes de terminar con él. Acto seguido, añade: “Estoy esperando un hijo de otro”. Así de cortante sentenció el destino de soltería, que acogería con resentimiento, el desilusionado Emilio.

El regreso más doloroso le toca emprender. Corazón partido, dolido. Hace que el dolor lumbar sea sólo una cosquilla, a lo que siente en lo profundo de su alma. Primer desamoramiento in extremis.

***
Van de la mano. Es mediodía. Caminan por la Plaza de Armas de la ciudad, tras haber descansado y pernoctado en un hostal, que incluía desayuno. Respiran tranquilidad; están en paz. Serenidad percibida por sus almas, que honra el nombre de la comuna. El azul del cielo con intervalos nubosos, fue la atmosfera que los rodeó ese domingo de abril. Pocos transcurrían por ahí. Era como si el ambiente estuviera preparado para ambos.

Emilio, embobado, sólo piensa una cosa: “Por vez primera me enamoro”. Se lo haría saber a Rebeca en un momento dado. Siempre y cuando, el momento se diera.

Llevaba consigo un anillo de piedra jade, la favorita de Rebeca. Ella, escorpiona, apasionada, posesiva, pero también soñadora e impulsiva. Es tres años mayor que Emilio y tiene, por ende, más experiencia en materias de amoríos.

El día anterior, estuvieron recorriendo el Valle del Elqui. Acamparon a la altura de Vicuña, en una parcela de la abuela de Rebeca. Una experiencia natural enriquecida por la noche estrellada. El romanticismo afloró en la piel, el corazón y las mentes jóvenes dispuestas a olvidar todo y concentrarse en el momento presente. En su ahora, que adoraban, se entregaron al amor. Se cuidaron, eso sí, pero fue un momento hermoso. Inolvidable. Incluso, el doble de inolvidable para Emilio: su primera vez.

-Amor, me entrego por completo a ti. En un lugar así y con una mujer como tú era lo que había soñado para mi primera vez-dijo Emilio.

-Mi vida, adoro ser la persona que iluminó tu amor y despertó nuevos sentimientos en ti. Te amo por eso y cada vez que te veo siento que no te quiero perder más.

Noches y días mágicos pasaron en el valle, cada vez que Emilio viaja. Rodeados de la naturaleza, el esplendor del lugar, el río Elqui, la flora y el aire puro no dejaban de encantar la vida.

Era una relación única, especial. Sin embargo, como en todo, la ley de la impermanencia haría su entrada inesperada y afectaría a uno de los protagonistas de esta historia.

****


7:00 am. No se levanta Emilio. Pese a que disfruta su trabajo no está motivado a ir. Perdió todo sentido hacerlo, dado que no tiene que viajar más. La distancia ganó la batalla y las sorpresas del destino ensombrecen las redes de ilusión. Su primera vez, su primer amor, pero también, su primer rompimiento y desamoramiento.

Echará de menos, el vidrio empañado. El sonido del motor del bus. Incluso, ese dolor lumbar, que ya se había convertido en su leit motiv. Esa bella sensación de ver pronto al ser amado, no la tendrá más.

Seguramente, nunca comprenderá lo que pasó realmente. Iba todo bien. “Estábamos encaminados a ser una pareja única. Teníamos una conexión inigualable”, se decía. Su voz interior de optimismo se apagaba, poco a poco. La frialdad, junto con la cercanía del otoño, cobraban fuerza. Y lo que en un tiempo fue luz, esplendor, colores, aromas, pasión, flores, naturaleza, brisa marina y aire puro; hoy se viste de sombras, smog, tráfico, ciudad, soledad, edificios y tristeza.

Pasaron días; semanas. La palabra Rebeca ya no significaba nada. Borró cada imagen que tenía de ella y con ella; incluso las selfies más íntimas. La bloqueó de sus cuentas en redes sociales y no tuvo señal de ella. Sólo olvidó bloquear sus llamadas, aunque sabía que no sabría más de ella. Decidió enfocarse en su trabajo…

Las jugarretas del destino, los caprichos de un amor o las pruebas de amor más extremas y sin sentido, se les ocurren a hombres y mujeres para sellar un amor. Inventar un embarazo, por ejemplo, o plasmar una incomunicación prolongada por varios días, son estrategias que algunas personas usan para ligar a otras.   

Una mañana de otoño, Emilio está en su oficina, redactando un manual de reglamento interno para su empresa, como prevencionista de riesgo. Lucía más trabajólico que nunca. Eso le permitía ir convirtiendo en cenizas y luego en nada, el recuerdo de su ex.

Sin embargo, inesperadamente, recibe una llamada. De alguien menos pensado. Pensó que era su madre, un amigo o alguna promoción, pero no…

-Mi amor, voy viajando a verte en bus, pero no voy de visita. Me voy a vivir contigo en tu apartamento. Y tienes razón, lo que me decías de la espalda, me duele-dice Rebeca, quien hizo un bolso y escapó de su casa, sin avisarle a su padre. Éste intuía hace bastante tiempo la relación y no creía las escusas de su hija. En el fondo, la dejó actuar, aunque con resquemor, porque estaba luchando por su amor.

Emilio, helado. No supo qué decir. Cortó la llamada. Sentía comezón y un nerviosismo raro. Pasa una hora. Sentimientos encontrados de amor, odio, resentimiento, ilusión y pasión, hicieron que su corazón latiera a full. Aunque, curiosamente, no podía evitar desear verla y abrazarla, aunque sabía que lo había hecho sufrir. Le devolvió el llamado y la opción dos se hiso realidad para sepultar la tres.


***

miércoles, agosto 24, 2016

El Hombre Rutinario



Por Piero

Religiosamente, se levantaba cada día a las 7:00 am. La rutina era su pasatiempo, de lunes a viernes, abordando el Transantiago a las 7:30 am. Algo inexplicable prendía su ánimo. Nunca se veía angustiado. Muy por el contrario, con los ojos bien abiertos dispuesto a cumplir su trabajo. No conocía la palabra cansancio. Dormía ochos horas diarias. A veces, sufría insomnio; sus ojeras lo delataban, pero siempre despierto. En su oficina, cada cual en lo suyo. Se sentaba en el escritorio y comenzaba su labor. Frente al ordenador, revisaba y corregía planillas de contabilidad. Le urgía terminar una tarea y comenzar otra. Desde pequeño le enseñaron a cumplir los deberes. No pretendía ascender de puesto. Su padre le inculcó, la disciplina militar. También, el anhelo de ganar pan "con el sudor en la frente". Consignas que jamás olvidó.
Reservado. Silencioso. Tauro. Vivía solo. Arrendaba un departamento en zona periférica de Santiago. Su pasatiempo favorito: ninguno. Dejaba de lado toda distracción. Navegaba por internet sólo para revisar su correo electrónico y ver portales de noticias. Detestaba el desorden, tanto como la televisión. Cada tarde llega a su hogar, de un dormitorio, con cocina americana. Hacía aseo. Ordena. Barre, luego trapea. Nada queda desparramado. Parte por su pieza y luego el comedor, el baño y la cocina. Limpio. Cada mañana el sol alumbra su ventana que mira al este, cuyos rayos lo despiertan, acostado en su cama de dos plazas. Y siente pasar las micros y la locomoción, en la avenida contigua a su vivienda. Poco sociable, las circunstancias lo instan a interactuar con una mujer.
-¿Va muy apurado al trabajo?-le pregunta una bella joven morena, en un paradero.
-Sí, no puedo llegar tarde.
-Eso no le da derecho a empujarme.
-Lo siento, a mí también me empujaron.
Intercambiaron miradas. Ella pone ojos coquetos y tiernos a la vez. Le gusta la apariencia varonil de él: Alto, elegante, de tez blanca, con barba y ojos café claros. Emilio ni la percibe. Está impávido escuchando radio de su celular. Encerrado en su mundo. Llega puntual como siempre a la oficina; 8:30 am. Se sienta en su computadora y comienza la rutina. Lo cual, lejos de disgustarle, lo pone contento. Se acerca su jefe, quien desea hablar con él.
-Rebeca, dile a Emilio que pase a mi oficina, por favor-le ordena a su secretaria.
El trabajador estrella de la oficina, el que ha sido empleado del mes por diez meses consecutivos; el que nunca llega tarde; el que cumple las metas; se sorprende por el llamado.
-Emilio, ¿Qué tal? Toma asiento, quiero conversar contigo.
-Me imagino que me llama por la propuesta del nuevo cliente. Ya la revisé…
-No es nada de eso. Relájate, quiero hablar sobre ti. Que me cuentes más de tu vida.
-¿Sobre mí? Qué de interesante puede tener.
-¿Eres feliz?
-Pero ¡Qué pregunta! Claro que sí. No necesito ni mujer, ni hijos ni mascota para sentirme bien.
-Me refiero en el trabajo...
-Ah lógico que sí. ¿Acaso no se nota? Mi desempeño es sobresaliente.
-Eso, qué duda cabe. Lo que no comprendo, es tu dedicación, casi religiosa. Acá no ganas tanto, no tienes a cargo ninguna jefatura, tu sueldo se ha incrementado apenas un 10%.
-Lo sé y estoy conforme. No me quejo.
-Tómate unas vacaciones.
-¿Qué?
-Tomate unas vacaciones.
-No las necesito. No las quiero y no estoy cansado.
-Pues, te las tienes que tomar. Nadie pone en duda tu desempeño. Aportas demasiado con tu trabajo. Sin embargo, necesito a trabajadores felices, plenos, que tengan también vida propia. Llevas más de cinco años en la empresa y jamás te has tomado vacaciones. Esta situación debe cambiar. Estás hiperventilado y noto tu estrés, aunque lo niegues…
-Pero no estoy esteresado. Al contrario, el trabajo me relaja.
-Te daré tres meses de vacaciones. Recibirás tu sueldo completo durante ese periodo, más los bonos de vacaciones correspondientes, además de un incentivo extra.
-Pero jefe, no quiero…
-No te estoy pidiendo tu opinión. Te lo estoy exigiendo. Y no me discuta Emilio. Se toma esas vacaciones y punto. Si no las quiere, perfecto, pero no vuelva nunca más a esta empresa. Mañana mismo comienza sus vacaciones. Nos vemos dentro de tres meses. Se puede retirar.
 
Emilio no dijo nada. Estaba desconcertado. Agachó la cabeza y cabizbajo regresó a su escritorio. Y eran las 17:34 horas, pronto terminaría su jornada. No quería vacaciones. Odiaba el ocio. No iba a fiestas, no bebía alcohol y menos fumaba. Tampoco compartía con sus amistades que no veía hace más de tres años; todos con sus vidas hechas, cazados, con hijos, etc. Su reloj marcaba las 18:30 horas. Tiempo para retornar al departamento. No se despide de nadie. Ni de las secretarias. Tampoco de los otros siete contadores que posee la firma. ¿Qué echará de menos? La rutina, más que a sus colegas. Iba en la micro del Transantiago reflexionando acerca de qué haría con su existencia, dentro de los próximos tres meses. Como siempre, el autobús repleto. No había asiento disponible. Iba parado. Escuchaba música ochentera. A sus 31 años, no sabía qué hacer. No se le ocurrían panoramas. Se había acostumbrado a su ajetreo diario. En eso, una mujer que se internaba entre los pasajeros de pie, en la parte trasera, donde se hallaba Emilio, lo roza sin querer.
-Le pido disculpas. Me empujaron. Como ve, va llena esta cosa-le dijo.
-No se preocupe-respondió en breve y seco.
La joven morena lo miró y quedó pensativa. Era la misma que se topó la otra mañana.
-En algún lado lo he visto a usted.
-No lo creo-dice Emilio.
-¡Ah sí, ya lo recuerdo! Es usted el hombre que vi el otro día en el paradero, y que me empujó. Me pareció ver a alguien serio, imperturbable, que piensa sólo en su trabajo.
Emilio no respondió nada.
-Oiga y usted, ¿A qué se dedica?-se atreve a preguntar ella.
-¿A qué viene esa pregunta?
-¡Ay qué pesado! Le apuesto a que es poco sociable y de pocos amigos.
-Está usted en lo cierto.
-Aún no me responde. Y no me diga usted. Tutéame.
-Trabajo, como cualquier mortal promedio del país.
-Y, ¿En qué si se puede saber?
-Soy contador auditor.
Luego, la mujer no supo qué seguir preguntando. Esperaba que él tomara la iniciativa de la conversación. Pero él, miraba hacia otro lado, disimuladamente. Hacía calor, unos 23ºC. Bastante, para una tarde primaveral. Alicia-así se llamaba la joven veinteañera- no dejaba de mirar a Emilio. Era atractiva, vestida de polera apretada y buzo de gimnasia, lo cual hacía notar su esbelta figura. Emilio, la  ignoraba. Sin embargo, de a poco comenzó a devolver miradas. Y cuanto más la miraba, más se preguntaba qué diablos haría durante los próximos días. El silencio incómodo, se prolongó más de la cuenta. Quedaron dos asientos. Emilio se sentó al lado de la ventana y ella en el pasillo. Tenía ganas de conversar. Hasta que soltó:
-¿Qué harías durante tres meses de vacaciones con sueldo asegurado?- le pregunta.
Ella lo mira como sorprendida por la pregunta y responde:
-Mejor pregúntame qué no haría.
Alicia, a diferencia de Emilio, era una mujer que le gustaba disfrutar de su tiempo libre.
-Yo no salgo mucho, ¿Qué te gusta hacer en tus ratos libres?-consulta Emilio.
-Me gusta ir al gimnasio. Ir a clases de Zumba. De hecho ahora vengo de ese lugar. También me gusta ir al cine, leer, ver películas y en vacaciones viajar. Y a ti, ¿Qué te gusta hacer?
-Cuando llego al departamento, bueno, ordenar. A veces, leo novelas. Y no me gusta navegar por internet, salvo para ver mi correo. Me carga la televisión, así que está siempre apagada.
-Por lo que me cuentas, eres un tipo aburrido.
-Puede ser. ¿Y qué con eso? Es mi estilo, mi forma. Estoy cómodo así.
-Te saqué el rollo, de una. A ti te falta “más calle”, más vida. Eres demasiado trabajólico.

Emilio no respondió. No comprendía aquello de “más calle”. Retornó el silencio entre ambos, aunque las miradas seguían interactuando. Faltaba poco para que la micro llegara al paradero donde tenía que descender. Emilio, estaba nervioso, aunque le agradaba la compañía de Alicia. Y ella, al parecer, retribuía el mismo sentir con rubor en la cara.
-¿Te invito a tomar once a mi departamento?, ¿Vienes?-preguntó en seco Emilio.
Alicia quedó sorprendida por lo directo de la pregunta. Le incomodó un poco. Un tipo que recién conoce, ya la está invitando su hogar, pensó. Sin embargo, aceptó la propuesta.
Subieron al sexto piso. Estaba todo en su sitio, ordenado. A ella le agradó que alguien soltero y joven pudiera ser tan ordenado y limpio. Cualquiera pensaría que una sirvienta hizo aquel trabajo. La sentó en el sillón y fue a prepararle once. Pan, queso y palta, había. Comieron. Se sentaron en el sillón, que era más cómodo que el comedor. Se miraron. Se gustaron. Había atracción mutua. Ella esperaba que él, tomara la iniciativa. Él no sabía cómo. Alicia captó que tendría que actuar ella. Se acercó, lo besó. Luego, se paró y se fue. Antes, le pidió papel y lápiz a Emilio y le dijo:
-Llámame a este número cualquiera de tus días de vacaciones. Yo ya salí de clases en la universidad y tengo todos los días libres.
Se dirigió a la puerta. La cerró tras de sí y se marchó. Emilio, ni se despidió. Tenía sentimientos encontrados. Ella, lo sacó de su rutina. Eso, le gustaba y le inquietaba a la vez.
Al siguiente día, Emilio la llamó temprano. No había podido dormir toda la noche, pensando en ella, en sus labios. No quería empezar sus vacaciones solo. Se juntaron en la tarde. Se repitió la escena, pero esta vez con más pasión. Y fue Emilio quien la besó, la tocó. Su corazón latía a mil. Hace ocho años que había estado con su última novia, con quien perdió su virginidad. No era experto en las artes amatorias. Frente a eso, Alicia le enseñaría más de la “vida”, de la “calle”, como ella misma le había dicho que le faltaba y se dejó tocar por él. Le gustaban sus manos y que fuera tres años mayor. Se fueron a la pieza. Hicieron el amor. Más tarde, fueron a un pub a beber un trago. Luego, regresaron al departamento, durmieron juntos. Al día siguiente se quedó. Cocinaron juntos, se bañaron. Ordenaron. En la tarde fueron al teatro. Al otro día lo mismo, pero en la noche fueron al cine. Cuando volvían de sus paseos, hacían en amor. Emilio, se enamoró y amó su nueva rutina, ahora en compañía. Pero el tiempo pasó rápido. La tarde del 28 de febrero, se produjo un cambió rotundo y caló hondo en Emilio.
-Si me amas tanto como dices, repite diez mil veces que me amas en voz alta.
Emilio, como hechizado por ella, le hiso caso. Estaba dispuesto hacer cualquier cosa por ella.
-Te amo Alicia. Te amo Alicia. Te amo Alicia…
Ella lo miró fijamente y entendió que Emilio la amaba de verdad. Como tenía prisa, se fue a duchar y dejó a Emilio repitiendo los miles de “Te Amo”. Regresó.
-Te amo Alicia. Te amo Alicia. Te amo Alicia…
-¿Cuántos “Te amos” llevas? Creo que es suficiente.
Emilio la ignoró y siguió la rutina. Prolijamente, llevaba la cuenta en la mente.
-Basta Emilio.
Él seguía, imparable. No le gustaba perder ni dejar a medias nada.
-Basta dije, o me voy y no me verás más.
Emilio sabía que Alicia hablaba en serio. Las escorpiones son de una sola línea, y decididas, pensó. Por dentro un instinto más fuerte que su propia voluntad, le instó a seguir diciendo:
-Te amo Alicia. Te amo Alicia. Te amo Alicia…
Ella con rabia, tomó su bolso y antes de pegar un portazo, le dijo a Emilio:
-Adiós, Emilio, hasta nunca. Te quedarás sólo. No quiero a un obsesivo como tú a mi lado.
Terminó la rutina de los “Te Amo”. Quería correr tras Alicia, quien hace media hora se había marchado, pero sabía que era demasiado tarde.


Lunes primero de marzo de 2015. 7:00 am. Suena el despertador. Emilio sale de la cama de un salto. Sabe que volverá a la rutina, porque concluyeron sus vacaciones. Esa misma rutina, que tenía antes de conocer a su amada; ahora su ex. A su lado, nadie. La soledad: su compañía. Sintió un frío en el pecho que jamás había experimentado en su vida. Tras eso, comenzó a llorar como niño desconsolado, con dolor, fuerte. Cuando terminó de desahogarse, se duchó. Agua fría. Y dio vuelta la página de su mente. Esa mañana, abordó la micro del Transantiago a las 7:45 am, la misma donde conoció a la única persona que logró sacarlo de su rutina. Miró con algo de nostalgia el pasillo, los asientos y pasajeros del transporte público, por si aparecía Alicia, pero fue en vano. No supo más de ella; nunca le dijo dónde vivía. Se tragó la amargura y retomó su frialdad temeraria, dando vuelta la página, de forma definitiva. Llegó puntual, como siempre a su trabajo. Ingresó directo a la oficina de su jefe, olvidando por completo a Alicia, con orgullo propio. El mismo que inculcó de su padre, quien por eso quedó solo y fue abandonado por la madre de Emilio, criando solo a su progenitor.


-Emilio, ¿Qué tal hombre? ¿Cómo estuvieron esas vacaciones? ¿Pudiste salir y conocer gente nueva o un amor de verano? Cuéntame, hombre, por Dios…
-Tenía razón jefe, me hacía falta distraerme, porque esta distracción me hizo darme cuenta que el trabajo es lo que más amo en la vida y no cambio mi realidad por nada del mundo.
El jefe quedó pasmado con esa respuesta, que no esperaba. Sólo atinó a decirle a su empleado que se retirara de la oficina, pensando que éste no había aprendido nada de la vida y que el descanso que le había otorgado no sirvió de nada.
Pensativo, Emilio dejó a su empleador en silencio y retomó sus labores rutinarias que llevaba haciendo por años, como si nada hubiera pasado, como si las vacaciones no hubiesen sido más un mal sueño y que jamás dejó su trabajo. Al finalizar la jornada, sin embrago, tras volver del baño, se percató que en su escritorio había un sobre azul. Con la sensación de ser como un zombie, o muerto en vida, tomó sus cosas y sin despedirse de nadie se fue a su hogar, abordando la micro de siempre, sabiendo que sería su último regreso a casa.