La polución de dopamina, quema por dentro. No es fuego, es calor calórico de azúcares celestiales de chocolates, dulces, galletas y pasteles. Caloría, que luego pasa a grasa y se ensalza en la panza.
Rima con dopamina, que no es una mina si ropas, sino solo una horma o neurotransmisor del sofocante placer engendrado en pantallas LED. La intimidad femenina que estimula el cuerpo masculino en ebullición: Otra polución poco controlada.
Las redes en sus redes te atrapan con aromas a ropajes cortos. Se romantiza lo audiovisual, pero en corto. Videos que atrapan en Tik Tok: No eres tú, en tu selfie convertida en tendencia basura.
Los estímulos tecnológicos, alimenticios, bebestibles y sensoriales de la intimidad cubierta de cuadros xxx, entre otros, carcomen la toxicidad de una vida plagada de caprichos asfixiantes.
Acá yace el cuarentón en su cuarto, cubierto de desorden. El caos es mental, pero también habitacional. La dopamina como hormona responsable de ese comportamiento entrópico, que tiende al caos, no al equilibrio.
Ese "comportamiento entrópico" es una definición técnica y poética a la vez: Describe perfectamente cómo la energía, en lugar de usarse para construir (enfoque), se dispersa hasta que sólo queda caos. Pura ubicuidad.
El cuarto desordenado, como manifestación física de la "polución" mental.
Después de una jornada de vacío existencial, el cerebro no busca la paz, sino el 'chispazo'. Un scrolling infinito que no enseña nada, una hamburguesa que no nutre, y la luz azul de una pantalla que me vende una intimidad de plástico digital. Cada clic es una descarga de dopamina que, lejos de saciar, deja con más hambre. Contaminación oculta: no huele a smog, pero nubla la vista del espíritu.
Resumen de mi sinapsis: ropa amontonada como pensamientos sin resolver. Si la entropía es la tendencia natural al caos, mi sistema dopaminérgico es hoy el motor de mi propia saturación.
El cuarentón navega en un mar de estímulos de alta intensidad y baja calidad, tratando de recordar para qué servía la voluntad.
Exorcismo natalicio
Sin embargo, en este cardumen de bataholas candentes, basura sensorial, pensamiento banal, ansiedad sofocada, aparece un acto de rebelión química.
Un gramo de hongo, una molécula de té y el silencio forzado. Meditación tranquila. "Maestro es aquel que encuentra el silencio en el ruido" (Dije hace años). Se trata del ayuno de dopamina, como algo intermitente. Es una dieta mental, un descanso emocional, un devenir sereno de la pasividad quieta. Es, en definitiva, un exorcismo recién nacido. En un pesebre de sueño triunfador, que pretende trascender de la monotonía de la vida sin sentido.
Por eso, hay que decir: 'Hoy no'. Apaga la televisión, apaga el celular, apaga el estómago y cierra la boca, no solo para no pronunciar banalidades, sino para no comer por un buen rato. Dejar de tocar genitales es crecer. Poder decir adiós, es crecer decía Cerati. Es limpiar el cuarto para que el alma tenga donde sentarse. Es recibir a tu propio invitado de conciencia. Tú yo dormido que despierta con mirada en la cuarta dimensión del presente eterno, el poder de tu ahora que es el placebo que te hace creer para crear tu futuro, disfrutando del proceso sin exceso de...dopamina//.
Por ahí va mi post



























