
Tiembla sudor. Tiembla razón. La mente como un remolino mezcla imágenes del pasado con las de un presente devastador. La naturaleza cobra revancha y ataca al hombre descuidado que habita el planeta tierra. Son movimientos con cierta sintonía, con cierta frecuencia. Cada cierto tiempo en Chile, la consigna "la unión hace la fuerza", nos vuelve a unir para sacar a relucir lo peor y lo mejor del ser humano-chileno. El arte de saqueo se practica por delincuentes y también por cuidadanos resentidos-y no tanto-que desesperados buscan atacar al sistema vulnerable, que tanto dolores de cabeza les ha causado por las deudas que adquirieron para obtener bienes materiales que ahora, después del siniestro telúrico, puede sacar gratis de las bodegas de los grandes supermercados. Así somos los chilenos. La oportunidad hace al ladrón, pero para un chileno promedio esas oportunidades se van haciendo habituales, sobre todo, en momentos de mayor dificultad, cuando ronda la inseguridad y el temor. Pareciera que está dentro del ADN social chileno, aprovecharse de las circunstancias. Puede ser una virtud si se aplica para el bien, pero tiende a primar en lo negativo, porque así se hace más reconocido, llama más la atención. En el fondo, es más fácil destacar en la malicia que en la bondad. Y eso es algo que lo chilenos saben de memoria. Este terremoto del bicentenario, nos recuerda lo que somos: un pueblo con identidad deteriorada que, a partir de lo que ofrece la globalización, busca ser desarrollado. Pero no somos tan malos. Cabe destacar que el factor desigualdad social juega un rol preponderante, al incentivar a los más desposeídos a robarle o quitarle a los de "arriba", lo que le pertenece a los de "abajo", porque los primeros se hiceron ricos a costa del trabajo de los segundos. El sistema capitalista permite tal situación. Al menos, eso cree el que saquea sin miramientos. Es un resentimiento social, pero también es una manera de burlarse del sistema....Entonces, aparecen los militares para restablecer el orden y la seguridad. La mayoría aplaude. Pero esos mismos que aplauden son los mismos que después condenan las violciones a los derechos humanos. En Concepción hay un caos, un terremoto social, es cierto. Pero habrá que ver hasta qué punto la presidenta Michelle Bachelet tolera terminar su mandato con fuerza del Ejército en una zona,





















